Acción-Instalación en Plaza Mayor, Parque Kennedy, playa Agua Dulce, playa Kapala.
Galería Lucía de la Puente. Lima, Perú. 2001.

Texto:

Todos somos presidenciables / Cecilia Noriega-Bozovich

Todos somos presidenciables

No se conoce nada más sublime que
no sea una modificación del poder
(Burke)
La fetichización de los objetos y aquello que representan o sustituyen es el tema que me ocupa desde hace algún tiempo. Por ello, en busca del objeto fetiche más vigente en nuestra cultura, en la coyuntura que viene arrastrándose desde las últimas elecciones del 2000, es para mí el Sillón Presidencial.

En estas circunstancias, en las que el país se ha visto envuelto en la falta de valores, pérdida de cordura, corrupción, ambiciones ilimitadas - confrontación de una penosa realidad -he propuesto el desarrollo de una serie de intervenciones artísticas en el espacio público en los pasados nueve meses, como parte de Todos somos presidenciables.

La fetichización del poder y de la política es un tema recurrente en nuestra sociedad, aunque nunca tan evidente como en las últimas re-elecciones. La oposición no pudo ponerse de acuerdo en la búsqueda de un único candidato que los representase, y el ex candidato oficial se atornilló en el poder con más fuerza que nunca. Pregunto: ¿Qué era aquello que más deseaban? ¿Cuál era su única fijación? ¿Detrás de qué iban? ¿Por qué el Perú no importaba? ¿Por qué se llegó hasta causar la muerte de esos guachimanes del Banco de la Nación? Respuesta: todos querían un sillón, El Sillón, sentarse en él e investirse del poder que éste les otorgaba. Un objeto cualquiera, neutro, un sillón de madera igual que el resto, pero al cual lo habían sobrestimado, sobrevalorado, y que representaba, sustituía y reemplazaba una carencia: el falo, símbolo de poder.

Abordar artísticamente el fetichismo y una nueva estética del poder ha sido mi interés en Todos somos presidenciables. Este tríptico de performances, intervenciones en el espacio público en las que me propongo ir en busca de un candidato no contaminado, en las que ofrezco una alternativa de ilusión (¿el sillón al acceso de todos?) acaso una utopía, tiene una orientación fundamentalmente irónica y crítica de la situación política que nos envuelve.

Proponer un nuevo estilo de poder que integre lo masculino con lo femenino es agregar la participación de la población excluida, al ciudadano (hombres y mujeres) común y corriente. Las características del poder hasta la fecha es la de la hipermasculinización, tanto por los hombres como por las mujeres que han accedido a éste. Una mujer presidenta no garantiza la democracia, podría seguir siendo lo mismo. Empezar a incluir un pensamiento femenino es empezar a eliminar las exclusiones, es proponer romper con el estereotipo del uso del poder que están tan arraigados en las culturas, es darle un giro a la forma de hacer política, las normas, el temperamento y el comportamiento cultural y político que viene de una herencia masculina.

Nada más lejano a una utopía es aquello que hemos estado viviendo políticamente. Es más, nos parece un paraíso lo que hoy tenemos, si lo comparamos con ayer. Sin embargo, ambas cosas son lo mismo en un sentido, es la negación de la utopía, de un cambio en el estilo de hacer poder. No soy una esencialista, pero sí creo en una feminización de lo marcial como algo que se incluya para integrar a lo ya heredado en el estereotipo de comportamiento político.

La primera muestra de esta propuesta se llevó a cabo en la Colectiva Artistas por la libertad de expresión en junio del año pasado, en el Consejo de la Prensa Peruana, con motivo de la firma del convenio entre esta entidad y la Defensoría del Pueblo. Las incursiones en el espacio público de esta escultura social itinerante que siguieron a esta primera instalación fueron presentadas en diversos puntos de la ciudad y de su periferia en tres etapas: The Original vs. El sillón rosado, El Último Brunch, y Mesías de Baywatch. Entrevistas vídeos, fotografía y publicidad fueron algunos de los lenguajes utilizados para esta puesta en escena de una campaña presidencial utópica que culmina en una galería de Lima.

¿Alguna vez soñaste con ser presidente? Y ¿qué es lo primero que harías si fueras presidente? Son las preguntas reiterativas hechas a cada uno de los personajes de Todos somos presidenciables que interactuaron con la obra y cuyas respuestas, sin lugar a dudas, nos han de dejar un espacio para la reflexión.

Cecilia Noriega-Bozovich
Lima, Marzo de 2001

 

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