Collage fotográfico sobre papel.  Procesos de pintado manual y despintado (dispainting). Taller del distrito de Barranco y aeródromo del balneario de Santa María. Lima. 2001.

Texto:
El último brunch / Cecilia Noriega-Bozovich
EL ULTIMO BRUNCH

Aunque ya en el mes de abril pasado, concibo al Sillón Presidencial como el objeto fetiche supremo, es en junio del 2000 que lo presento como objeto artístico en una exposición titulada “Artistas por la Libertad de Expresión”, evento organizado por el Consejo de la Prensa Peruana. Este Sillón emulaba desde una postura no exenta de ironía y de un aire abiertamente “sexista” al casi sagrado Sillón Presidencial que, desde aquel momento, empezaba a ser nuevamente la presea más codiciada de nuestra fauna política en pleno. (Cabe destacar que aquel Sillón, gracias a un documento de Indecopi, gestionado por mí, se transforma en “The Original” – el “auténtico”).
A partir de allí, este objeto se va transformando en una “escultura social itinerante” que se desplaza y adquiere una serie de vivencias en lugares específicos de Lima. La idea del trono y el cetro estaban presentes en este Sillón (a)dorado y en ese peculiar mazo – ¿cetro? -, también (a)dorado, que era una alusión clara al concepto fálico del poder.
Tiempo después, este objeto escultórico sirve como el elemento, a partir del cual , se va generando una experiencia artística pública, itinerante – cuasi sociológica, cuasi psicológica, cuasi antropológica, pero nunca desatendiendo su referente plástico – articulada a partir de estrategias de cobertura periodística: encuestas grabadas, fotografías y vídeos. Mediante este aparente tinglado de reportajes, elijo doce personas cercanas a mi entorno, doméstico, “funcional” y cotidiano. Aquí, se hace evidente que busco el resultado final de la obra que radica en la interacción con el espectadorparticipante y, el objeto escultórico, si bien es cierto que “camuflo” su protagonismo, es sin embargo, lo único de lo cual no se puede prescindir.
Estos doce peruanos, marcadamente “anónimos” – seis varones y seis mujeres – que han tenido, por obra y gracia del arte, la suerte de sentirse Presidentes, cómodamente arrellanados en el mítico Sillón Presidencial, han sido registrados fotograficamente y, de ese modo, sus modestas efigies han conformado una docena apostólica. Estos son Los Doce Apóstoles Candidatos de “EL ULTIMO BRUNCH”, repartidos alrededor de un Sillón vacío (objeto de deseo), que aluden al pasaje bíblico de La Ultima Cena, y, que pintados manualmente sobre una pancarta, recorrerán el cielo de algunas playas y balnearios limeños al más puro estilo publicitario, interrumpiendo la marina evasión de los bañistas. Luego, esta pancarta se instalará por un tiempo en el Pasaje Santa Rosa (una vez más, este lugar se convierte en mi “trinchera”) desconcertando al público viandante, generando un espacio de reflexión, y que verá en estos displays una campaña
aguda y anónima de publicidad electoral. La idea de Los Doce Apóstoles Candidatos propone verlos como salvadores, representantes de una entidad superior, el Pueblo.
La estrategia con la que asumo la difusión de mis proyectos ya es evidente: el uso de lenguajes, soportes y formatos son alternativos; todo espacio es válido para hacer arte y llegar al público. El arte extiende sus dominios: no está parametrado únicamente en las galerías, sino que puede ejecutarse (y a la vez coexistir) en las plazas y calles, y por qué no, también en el cielo. De esta forma, gano y me apropio de nuevos espacios.
Esta acción es otra etapa de un proyecto mayor que he llamado “Todos Somos Presidenciables” y que culminará en el interior de una galería de arte, que valide mi esfuerzo artístico por ir en busca de una sociedad más justa y democrática. Con este proyecto, he buscado, a través del arte, suturar la distancia abismal entre lo que significa el concepto de “voluntad popular” y el poder dirigido desde un trono fetichizado.

Cecilia Noriega-Bozovich
Enero del 2001

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